La brioche ocupa un lugar especial en la pastelería francesa, en la frontera entre el pan y la bollería. Aparecida desde la Edad Media, se ha enriquecido con mantequilla y huevos a lo largo de los siglos para convertirse en un símbolo de golosina. Su éxito se basa en tres pilares: un amasado suficiente, una mantequilla de calidad y el respeto de los tiempos de levado. El paso por frío antes del formado es el truco que lo cambia todo para obtener una miga tierna.
Tres factores marcan la diferencia: un amasado suficiente para desarrollar la red de gluten, una mantequilla incorporada progresivamente y tiempos de levado respetados. El paso por frío antes del formado facilita el trabajo de una masa muy flexible.
Las cantidades y los pasos detallados se indican en la ficha de receta de esta página.