El pastel de queso blanco es un gran clásico del este de Francia, muy popular en Alsacia bajo el nombre de Käsekuchen. Más ligero y menos grasoso que el cheesecake americano, se basa en el queso blanco y las claras montadas a punto de nieve para una textura aireada. Es un postre familiar conocido por su equilibrio: poco dulce, fresco y fácil de digerir. El enfriamiento progresivo en el horno es la clave para evitar que se hunda.
Más ligero que un cheesecake, se basa en un queso blanco bien escurrido y claras a punto de nieve. El enfriamiento progresivo en el horno apagado evita que se hunda.
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